En el Salón de Mayo, a las cuatro de la tarde del jueves 23, el espacio Dialogar Dialogar tuvo como tema La Impronta de Alfredo Guevara, con la presencia de los invitados Luis Morlote, Vicepresidente de la UNEAC, y el Doctor Eusebio Leal Splenger, historiador de la ciudad de La Habana, quienes tuvieron una relación cercana con el paradigmático intelectual.
También asistieron Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro, el destacado investigador Fernando MartÃnez Heredia, y directivos de la Asociación Hermano SaÃz.
Fue tarde de anécdotas y de recordar al Alfredo Guevara, que el 31 de diciembre hubiera cumplido 90 años, más allá de su indeleble aporte a la faena del ICAIC, el pensador vivo aun por su obra y sus legados.
Morlote, quien dirigiera la AHS, habló de la responsabilidad de Guevara en que la sede de la Asociación fuera el Pabellón Cuba, donde ambos solÃan debatir temas como el concepto de este espacio de La Rampa, en el que debÃa continuamente prevalecer lo cultural sobre lo comercial. Un espacio también para polemizar y en el que los jóvenes disfrutaran de las artes.
De igual modo, recordó la visión crÃtica, el carácter controvertido de las intervenciones de Alfredo Guevara manifiesto en espacios que visitó como La Universidad de La Habana, el Instituto Superior de Arte o La Facultad de FilosofÃa. Morlote remarcó que, aun con las desavenencias, Guevara fue un incondicional defensor del Socialismo. Por medio de su profunda virtud de dialogar con los jóvenes, su deseo era favorecer el ideario martiano y el pensamiento marxista propio del Socialismo Tropical desdoblado en Cuba.
El vicepresidente de la UNEAC también dijo que el diálogo Guevara con la juventud, no era desde una posición de superioridad, sino que fluÃa desde la igualdad. Escuchaba e intercambiaba. Su mayor felicidad se producÃa cuando alguien presentaba una opinión contrario, entonces él le pedÃa que la defendiera.
Demostraba interés en conectar con la gente joven. QuerÃa saber de las tendencias, de la música que se escuchaba. Y una vez dijo que la idea de usar guayabera le hacÃa pensar en una imagen suya tocando maracas en un conjunto. Y dijo que creÃa que la huella de su generación serÃa olvidada por un tiempo, para luego ser retomada por otras generaciones.
Según Morlote, la amistad muy cercana de Eusebio Leal con Alfredo Guevara y los años de reciprocidad, hicieron que el guÃa del ICAIC sintiera una especie de admiración/envidia por la gran la obra de belleza que el historiador emprendÃa a diario en la capital cubana.
Leal, por su parte, dijo que Guevara es un paradigma de la lucha contra la decadencia y a favor de la libertad; un lector apasionado de las enseñanzas de San AgustÃn. Lo conoció en los tiempos en que el Salón de Mayo era un punto de confluencia de la intelectualidad cubana capital, con un estilo, una identidad que nunca cambió.
Recordó a un intelectual que hizo lo que se le antojó con su vida, e hizo bien, porque se insertó un capÃtulo a la libertad. Explicó que lo popular, para que fuese popular, debÃa ser lo feo. DefendÃa lo bello, lo bien hecho. Dijo que si en alguna que otra ocasión se le llamó aristócrata, no estaban equivocados del todo, porque poseÃa un aristos, pero del pensamiento.
Para Leal, Guevara fue siempre el muchacho que nunca dejó de ser. Y dijo que, a partir de ahora, cada uno construirÃa su propio relato sobre él.
Morlote comentó que Alfredo Guevara, unas semanas antes de su muerte, se encontraba revisando su biblioteca personal porque querÃa donar sus libros a la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Enfermó por el polvo que se levantó cuando revisaba los textos y los señalaba. Murió, según Morlote, entregándose a la juventud, de una manera, en efecto, bella.
Fotos: Thais Arce Roque
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