Metáfora a la corporalidad

Hay que descolonizar el cuerpo de las almas de afuera, de las que uno no guarda debajo de la piel porque producen marcas no gratas.

La condición insular del cuerpo gravita como el fatalismo geográfico del alma que intenta ser libre. La carne se percibe como la limitación del espíritu en el error de confinar lo infinito. Nuestro cuerpo es la isla, el punto de contacto entre el alma y lo ajeno a ella. Este sujeto lírico -por suerte de fe- contiene multitudes, un reflejo a los misceláneos sujetos que llenan la zona de piel y crean el barroquismo que compone el alma. Representa un yo plural desde la cosmovisión del cuerpo que da Whitman1.

La isla -cuerpo- es la pasante melancolía de la libertad cuando el sujeto de “afuera” define el terruño del “yo” como causa primaria del ser. Cuando la otredad representa el punto de partida para definir tu cuerpo como isla. La insularidad del cuerpo desnudo demuestra la resistencia del espíritu hacia el miedo, hacia el tabú de lo “defectuosos”, visto como lo humanos dentro de la humanidad.

Desnudos llegamos al campo de batalla y el cuerpo es la trinchera de resistencia al otro desde el yo. Deberíamos representar el nicho de lo desigual y ver los detalles ajenos como las fortalezas de lo humano dentro de lo animal.

El límite del alma no es la carne, no existe en la caja. El cuerpo se transfigura en recipiente que organiza la grandeza de los seres danzantes; de las almas parlanchinas que no se atreven a andar sin la protección de la cáscara. El cuerpo es el territorio; tu historia escrita en una caja de piel donde las cicatrices enseñan el paso de la lluvia como flexibilización de la forma para readaptar el alma.

El cuerpo puede verse como el lienzo, el fragmento de tela que permite ser cortado y enmarcado para comunicar la lividez de la forma como contenido significante. Es un lienzo denso con líneas apológicas y otredad.

La atmósfera de la isla (cuerpo) se manifiesta en un espacio -por momentos- distópico, de contraste entre lo que quiere el sujeto en convivencia con el medio. Sin olvidar que el “ser” desde la primera persona oficia como descubridor. Coexiste el ente creador de sentido desde el individuo con mirada de colectividad en la primera persona.

La obra fotográfica del mexicano Enrique Estrada florece en la corporalidad como punto de ataraxia2 trasfigurada en la premisa; “el alma debe permanecer tranquila cuando se ha perdido todo en un naufragio como Zenón”. Las almas cargadas de personalidad saben que el agua solo puede sanar la capa de piel cuando el puntal del barco comienza a esconder la forma en el mar de los tabúes sociales. Las piezas sitúan al espectador en una poética visual de descolonización del cuerpo a través de lo individual como recurso de fortalecimiento del ser.

Para las bestias refinadas por el mercado, los aditamentos extracorpóreos como “ropas-maquillaje” desafían la democracia del alma que intenta a gritos ser única. El mercado se mueve por las leyes de oferta y demanda. No entiendo cómo se puede ofrecer un cuerpo para que se convierta en un producto y se demanden las almas -de los muchos- como patrón de mercancía.

¿Cómo hemos llegado a pensar que los contrabandistas de libertad son héroes usando la “nada” como moneda de cambio? La nada puede ser la moneda de cambio de las personas que quieren ver a los demás seres como entes únicos, humano libres dentro del cuerpo. Enrique Estrada es un contrabandista de imágenes. Él introduce y exporta mercancías sin pagar los impuestos a cambio de “nada”, para que las mujeres liberen su alma y cuerpo de los cánones impuestos por la sociedad.

La exposición “Mujeres Valientes” representa los parámetros estoicistas3 propuestos a partir de una poética de la imagen. Desde una anatomía humana desde lo humano; el cuerpo es la cápsula desnuda del alma.

“Mujeres Valientes” es una serie fotográfica que muestran el cuerpo femenino con las marcas de lo humano, de la vida, de la existencia y de la historia. Su muestra capta mujeres reales, reflejo de ellas como seres individuales y no como la construcción colectiva de la “mujer bella” dentro del mercado.

No navegar en los cánones de belleza implica la resistencia de la carne y el alma sobre las leyes escritas por el mercado. Este texto no está en contra del libre albedrío y de la libertad de elección de las personas al vender su imagen como producto, sino de personalizar el producto desde lo humano, vender la imagen de lo que erróneamente llamamos defecto. Si decides comercializar tu cuerpo hazlo desde la cicatriz, desde lo realmente vivo.

La belleza que habita en nuestra desnudez es la representación del animal que ha vivido la libertad en su máximo esplendor. Si la vida deviene como un espacio para ensayar, por qué no dejar que la obra de teatro rompa la cuarta pared y enseñe las heridas al espectador. 

El cuerpo es la isla donde el alma se encuentra con lo que no le pertenece, un territorio insular que refleja la diversidad de sujetos que lo habitan. Nuestra desnudez representa la resistencia del espíritu hacia el miedo y los tabúes, un lienzo grueso que comunica la esencia de lo humano. Enrique Estrada descoloniza el cuerpo a través de imágenes, desafiando la idea de convertirlo en un producto. La verdadera belleza reside en nuestra desnudez ¡Somos animales empoderados y salvajes y deberíamos vivir sin miedo a enseñar las marcas que la vida deja en nuestra piel!

Notas:

1Walter Whitman (1819-1892). Poeta, ensayista y periodista estadounidense. Frase “Contengo Multitudes”, poema titulado “Canto a mí mismo”

2Ver la ataraxia no como la ausencia de emociones, sino como la tranquilidad donde conviven los instintos más profundos. Es mantener la paz sin importar lo que haya fuera.

3Estoicos: Escuela filosófica fundada en Zenón de Citio (Atenas) en el siglo III antes de nuestra era.

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