Espacio Dialogar, dialogar: Forodebate El 26 de Julio y la mística de la Revolución cubana

Por: Yasel Toledo Garnache

Como parte del espacio Dialogar, dialogar, que habitualmente realizamos en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, convocamos al forodebate El 26 de Julio y la mística de la Revolución cubana, el cual se realizará este viernes a partir de las 10:00 am.

¿Qué significa verdaderamente evocar aquel hecho y a sus protagonistas? ¿Cómo el simbolismo del 26, esa fuerza y coraje, sigue acompañando a nuestro pueblo en momentos muy complejos? ¿Cuánto conocemos a esos jóvenes que dispararon, soñaron y muchos hasta murieron? ¿Cómo aquellos hechos aportaron y están presentes en el universo simbólico y el alma de la nación? ¿Cómo esa mística iniciada mucho antes se ha enriquecido con sucesos del presente?… son algunas de las preguntas que pudieran motivar el intercambio.

En esta ocasión nos acompañan como invitados la Doctora en Ciencias Filosóficas Yuleidys González Estrada, quien se desempeña como profesora en la Universidad de Granma; la investigadora santiaguera Sahay Fajardo Videaux, y el sociólogo habanero Alejandro Gumá Ruíz, todos miembros de la sección de Crítica e investigación de la AHS.

Ya podemos dejar nuestras opiniones e interrogantes en la parte de los comentarios.

Emancipación, memoria y reconfiguración en la mística de la Revolución Cubana

Por: Yuleidys González Estrada

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!

Fidel Castro Ruz

A esto, expresado con belleza inexplicable por Fidel, me refiero cuando hablo de la mística de la Revolución Cubana. Sí, hablo de esa espiritualidad omnipresente que camina con nuestro pueblo haciendo que –religiosos y ateos– sientan cercano y vivo el legado de nuestra ancestralidad rebelde. No creo que nuestra mística tenga explicación desde las doctrinas teológicas tradicionales ni en las interpretaciones filosóficas encartonadas. Somos lo real maravilloso y –como dice Buena Fe– nacimos en el Caribe mágico.

En una ocasión conversaba con un amigo cubano radicado en Costa Rica sobre nuestra identidad como pueblo y le preguntaba ¿Qué nos hace diferentes? ¿Qué lazos nos unen tan fuerte a esta gota de esmeralda ceñida por los mares?[1] La esencia emancipatoria de nuestra identidad, me contestó con esa naturalidad que dan las certezas. Y es cierto, pero esa identidad emancipatoria está nutrida por un universo simbólico que el pueblo cubano resguarda en ese espacio terrenal y cósmico llamado MEMORIA.

Fue esa memoria la savia que nutrió a aquellos jóvenes que en 1956 decidieron tomar el cielo por asalto de la mano de Martí, ese Misterio que nos acompaña, casi sin saber que ellos mismos inspirarían a otros más tarde. Es esa memoria la que me hace llorar de emoción cuando canto el Himno nacido en las entrañas de esta ciudad fecunda de Patria en la que vivo. Es también la que me motiva a escribir este texto que nace desde mi profundo sentipensar-actuar de revolucionaria cubana.

Sin ánimos de dar una conferencia de historia, quiero retomar la idea de la mística de la Revolución Cubana como ese universo simbólico condicionado por la emancipación y la memoria. En ese sentido, los hechos del 26 de julio son trascendentales pues devolvieron la esperanza a muchos cubanos y les dotaron de una multiplicidad de símbolos que todavía son expresión de nuestra rebeldía y resistencia: el nombre del movimiento, la bandera bicolor, el programa de la revolución, la Marcha del 26 de Julio y la figura renovada de un Martí que ahora se nos mostraba estratega militar y espíritu de la nación.

La lucha llevó a la victoria y ella a la necesidad de construir códigos para expresar la realidad nueva que la revolución requería. Los símbolos no fueron construidos solo desde el arte, si bien este los visibilizó, los recreó y los hizo accesibles para todas y todos. Vinieron de una cosmovisión que defendía la igualdad de todas. Expresión de esa cosmovisión fue –por solo citar un ejemplo– la sustitución del uso de los términos señor o señora por los de compañeros/as. Un cambio tan elemental como ese significó una transformación radical, a la cual no prestamos suficiente atención, porque pasábamos de mirar a las otras como entes externos, a asumirles como colegas de viaje en la tremenda aventura que protagonizábamos.

En esa misma lógica de transformación simbólica vinieron los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y otras organizaciones. Con ellas se impulsó una nueva forma de relacionamiento social; una nueva manera de empoderamiento y construcción colectiva. No puedo dejar de mencionar grandes frases como: “¡Patria o muerte!”, “¡Venceremos!”, o esa legendaria que contiene todo el llanto y la rabia de Fidel: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.

Pero la memoria tiene sus plazos y la mística, nuestra mística, se reconfigura. Por eso, sería un error pensar que solo está compuesta por los hechos y las frases del pasado. Insisto en que se nutre del día a día, de nuestra creación individual y colectiva. Hoy el grito de ¡Patria o muerte! se ha convertido en ¡Fuerza Cuba!, ¡Viviremos y Venceremos!; la bandera de la estrella solitaria es también una marca-país que exhibimos con orgullo en nuestros perfiles de facebook y ya no vamos a la plaza el 26 de julio a escuchar a Fidel sino a Santa Ifigenia; ese lugar donde un grano de maíz guarda sus restos con una inscripción que solo reza FIDEL, porque no hacen falta, aún, más palabras. Dependerá de nuestra labor con las nuevas generaciones que nunca haga falta añadirlas.

Esas pequeñas-grandes cosas integran, a mi juicio, la mística de nuestra Revolución. Sin embargo, tenemos el enorme desafío de reconocerlas, investigarlas, visibilizarlas, hacerlas carne y sangre de sus más jóvenes protagonistas. ¿«Qué hacer» vuelve a ser la pregunta del momento? Solo si viniera en el sentido leninista. Es decir, solo si apareciera cargada de alternativas. En eso la vanguardia artística joven de este país tiene mucho que aportar, sobre todo si entendemos que nuestra condición de vanguardia nos la hemos ganado a pensamiento; a pensamiento crítico y comprometido con la justicia social y con el fuego creador que transforma vidas.

 

[1] Fragmento del poema Elogio de un poeta a su isla antillana del poeta guantanamero Ernesto Víctor Matute.

CUBANÍA Y CULTURA DE LA LIBERTAD

Por Sahay Fajardo Videaux

Dialogar sobre la mística de la Revolución implica como mínimo acercarse a la espiritualidad, detrás de un fenómeno cuya naturaleza tempestuosa y trasformadora elige y coloca sus protagonista, y en ocasiones a los hechos, en pedestales aparentemente inalcanzables. Así los hombres construyen y destruyen sus altares a través de la Historia y de acuerdo a su tiempo. En el ejercicio de nuestra doble función de resultado y elemento constructor, nos corresponde interrogar al pasado, intentar establecer de manera lógica y coherente la relación entre lo ocurrido y lo evitado, para encontrar las constantes que nos hacen lo que somos.

Desde esta perspectiva, me acerco a la dimensión de los hechos acontecidos el 26 de julio de 1953 y sus consecuencias. ¿Por qué una acción que constituyó, en su momento, un fracaso, es hoy uno de los símbolos más importantes de nuestra Historia? La respuesta más simple y directa es porque triunfó la Revolución de 1959.  Lo digo de esta forma con toda intención, pues sin ignorar el papel de los individuos, me interesa dialogar sobre este fenómeno como el resultado de una cultura popular de la resistencia.  

Ambos hechos fueron posibles en virtud de una profunda conciencia de la Cubanía. En ellos se articulan, de manera orgánica, criterios y valores enraizados en nuestro modo de ser, tales como la vocación por la soberanía y la búsqueda por la justicia social. De este modo, es posible explicar las razones personales y morales que impidieron al teniente Sarría asesinar o permitir   el asesinato del joven Fidel, o el asesinato de “las Ideas”, como lo llamara el propio Sarria.  Explicar las casas abiertas para esconder jóvenes, la ayuda que recibieron de los campesinos, de los médicos y enfermeras del Hospital Saturnino Lora, las madres en las calles reclamando por sus hijos, la movilización  de la sociedad civil para proteger la integridad de estos jóvenes  por encima de las implicaciones políticas, de enfrentarse a una dictadura sangrienta.  Explicar, por encima de las razones objetivas y concretas de  este momento  histórico, tantas manifestaciones  de solidaridad y sacrificios, articuladas de manera espontánea, para salvaguardar lo que la inteligencia popular  asumió como el futuro de la Patria: los Jóvenes del Centenario.  

Se manifestaba así la cultura cubana “como cultura de la libertad y de la independencia, en virtud de los valores consagrados como lineamientos de la conducta, como recuerdo factual y hasta como leyenda, en un combate sin descanso contra constantes asedios dirigidos siempre a hacer desaparecer la Cubanía.”[1]   

[1] Joel james: Alcance de la Cubanía, Editorial Oriente, Santiago de cuba, 2001.

 

FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA: CLAVES PARA LA REBELDÍA

(Fragmentos)

Mensaje de Fernando Martínez Heredia a los jóvenes durante la clausura del Coloquio: “Con arreglo a esta opinión trabajaremos. A 50 años de la revista Pensamiento Crítico”

21 de febrero, 2017

“Desde que era muy pequeño leía todo lo que hallaba, y de muchacho la revista Bohemia fue mi escuela política. Pero ni soñaba en que vendría una gran revolución, que me formó y me cambió una y otra vez, y que por ella llegaría a ser el director de una revista cubana prestigiosa. Pero nunca esperé homenajes, ni cuando éramos centro de tareas hermosas ni cuando pasamos al olvido. A eso me ayudaron José Martí y la Revolución. Ahora, aunque en estos últimos años los que hicimos la revista nos hemos tenido que ir acostumbrando, me emociona mucho recibir este agasajo. Pero me sobrepongo y contemplo y admiro su sentido profundo. No somos los protagonistas los que un día hicimos Pensamiento Crítico, los jóvenes revolucionarios cubanos comunistas de entonces. Son los jóvenes cubanos revolucionarios, los comunistas de hoy, los que al calor del homenaje, el rescate y el debate pasan la escuela política del presente y hacen la vela de armas que requiere el futuro de luchas en las que se empeñarán y vencerán. Ustedes son los protagonistas.”

SOCIALISMO

«Hay muchos más dilemas y problemas. Cómo combinar cambios y permanencias, relaciones sociales e ideologías que vienen del capitalismo —y que son muy capaces de rehacer capitalismo o generarlo— con transformaciones que están destinadas a formar personas diferentes, nuevas, y a producir una sociedad y una cultura nuevas. Cómo aprovechar, estimular o modificar las motivaciones y actitudes de los individuos —sin lo cual no habrá socialismo—, cuando el poder socialista resulta tan abarcador en la economía, la política, la formación y reproducción ideológica y la vida cotidiana de las personas, y tiende a desalentar o impedir las iniciativas de las personas en la medida en que se burocratiza. Cómo lograr que prevalezca el proyecto sobre el poder —el mayor desafío interno a los regímenes de transición socialista—, cuando, además de los ámbitos que he referido, el poder es responsable de la defensa del país frente al imperialismo y los enemigos internos, y de las relaciones con los países, las empresas y las instituciones internacionales del capitalismo. Cómo lograr que prevalezca el internacionalismo sobre la razón de Estado.

» El socialismo no surge de la evolución progresiva del capitalismo. Este ha sido creador de premisas económicas, de individualización, ideales, sistemas políticos e ideológicos democráticos, que han permitido postular el comunismo y el socialismo. Pero de su evolución sólo surge más capitalismo. El socialismo es una opción, y sólo existirá a partir de la voluntad y de la acción que sean capaces de crear nuevas realidades. Es el ejercicio de comportamientos públicos y no públicos de masas organizadas y conscientes que toman el camino de su liberación total.

(…)

» La práctica revolucionaria de los individuos de las clases explotadas y dominadas, ahora en el poder, y de sus organizaciones, debe ser idónea para trastornar profundamente las funciones y resultados sociales que hasta aquí ha tenido la actividad humana en la historia. En este proceso debe predominar la tendencia a que cada vez más personas conozcan y dirijan efectivamente los procesos sociales, y sea real y eficaz la participación política de la población. Sin esas condiciones, el proceso perdería su naturaleza, y sería imposible que culmine en socialismo y comunismo.

(…)

» La transición socialista es un proceso de violentaciones sucesivas de las condiciones de la economía, la política, la ideología, lo más radical que le sea posible a la acción consciente y organizada, si ella es capaz de volverse cada vez más masiva y profunda. No se trata de una utopía para mañana mismo, sino de una larguísima transición. Su objetivo final debe servir de guía y de juez de la procedencia de cada táctica y cada política, dado que estas son las que especifican, concretan, sujetan a normas, modos y etapas las situaciones que afectan y mueven a los individuos, las instituciones y sus relaciones. Por tanto, no basta con tener eficiencia o utilidad para ser procedente: es obligatorio sujetarse a principios y a una ética nueva, socialista.

(…)

» El mayor potencial adverso a su dominación es la enorme cultura acumulada de experiencias de contiendas sociales y políticas —y de avances obtenidos por la Humanidad—, cultura de resistencias y rebeldías que fomenta identidades, ideas y conciencia, y deja planteadas inconformidades y exigencias formidables y urgentes. Todo eso favorece la opción de sentir, necesitar, pensar y luchar por avances y creaciones nuevas.» (en Autocríticas, un diálogo al interior de la tradición socialista, volumen de Ruth Cuadernos de Pensamiento Crítico, Ciencias Sociales/Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009.)

LOS DILEMAS DE JULIO ANTONIO MELLA

«Mella tuvo que ser muy rebelde para lograr ser revolucionario, y para seguir siéndolo durante su breve vida. Muy poco conocido en su actuación y sus ideas, su grandeza, sin embargo, ha sido reconocida por todos y ha conmovido a muchos. Mella ha sido ejemplo, herencia yacente, símbolo de revolución, el líder más puro, el sacrificio, el pensamiento más alto. Debemos estudiar la naturaleza, el soporte, el alcance y la eficacia de esas emociones que sí comunican, motivan y suman voluntades. Mella está en la vocación subversiva y en los antiguos gritos que hicimos nuestros los jóvenes un tercio de siglo después, con las adiciones necesarias; está en los miles de internacionalistas que han sabido trabajar, luchar y morir en cualquier parte del mundo, tuvieran o no en el bolsillo el carné de Mella, Camilo y el Che. Que Julio Antonio Mella continúe activo, formando parte del combate en esta hora decisiva de Cuba, depende de nosotros. Si me permiten imaginar a Mella diciéndonos sólo una frase hoy aquí, quizás sería: “Sean siempre comunistas, pero sin dejar de ser manicatos”». (En el artículo «Los dilemas de Julio Antonio Mella»)

«No permitan que llegue a haber dos Cubas en la cultura»

Palabras de agradecimiento pronunciadas el martes 18 de octubre de 2011, durante el acto de entrega del premio Maestro de Juventudes, máxima distinción que otorga la Asociación Hermanos Saíz

«La cultura es, por su naturaleza, sus fuerzas acumuladas y sus logros, lo que está más cerca de ponerse a la altura de las revoluciones sucesivas, las tareas diferentes y superiores a lo que parece posible y la ambición desmesurada, tres rasgos que son esenciales para que exista el socialismo.

(…)

» Que los alumnos de todos nosotros —de los maestros de hoy—, puestos a la tarea de realizar y cumplir, no nos hagan caso en nada que hayamos dicho que pueda estorbarles para cumplir los ideales que estamos compartiendo hoy. Que sientan siempre con su propio corazón, y piensen siempre con cabeza propia. Solo así serán capaces de hacer a Cuba cada vez más libre, más justa y más próspera.»

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  • AHÍ están sus nombres, los rostros, el dolor en las familias que no olvidan. Cada julio resuenan los disparos con algunas marcas todavía en la pared y en el alma de un pueblo. A veces mencionamos el hecho, lo evocamos con palabras, miramos alguna imagen… Ellos deberán ser siempre parte de nosotros.

    Es julio, 67 años después, y alrededor de la Revolución Cubana gravita una mística, conformada por una serie de sucesos, personas y factores que enriquecen las esencias de la nación y su capacidad para resistir y soñar, para encontrar alternativas y seguir adelante, a pesar de la complejidad de las circunstancias.

    El asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, es uno de esos acontecimientos con un simbolismo y una fuerza que deberá circular permanentemente por nuestras venas.

    Aquel 26 quedó marcado para siempre. Eran jóvenes, muchachos como nosotros, llenos de vida y coraje, con plena conciencia de la necesidad de lograr la libertad total de Cuba. Los disparos no eran solo contra los soldados o las edificaciones militares, eran también contra las injusticias, la miseria, el analfabetismo, la falta de derechos a la Educación y la Salud, el fraude electoral, los robos, los secuestros, los asesinatos…, que pululaban en la etapa.

    Miles de niños morían por falta de recursos, el 90 por ciento de los que vivían en el campo eran devorados por parásitos, la mayoría de las familias de zonas rurales vivían en peores condiciones que los indios que encontró Colón, según palabras del propio Fidel Castro en su alegato de autodefensa La historia me absolverá, en el cual denunció los principales problemas del país.

    Dejo de teclear unos minutos, y me recuesto en el espaldar de la silla. Me parece verlos aquel día… Retumba lo que se conocería luego como el Manifiesto del Moncada, el poeta Raúl Gómez García lee sus versos Ya estamos en combate… Escucho a Fidel: «Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o muerte!…».

    Y más tarde los disparos, la sangre, la persecución, los asesinatos. Uno lee testimonios, mira fotografías de los cuerpos destrozados, y resulta inevitable estremecerse.

    Muchos de los sobrevivientes en la acción fueron capturados después, y torturados. A varios les trituraron los testículos, les arrancaron la visión… Ahí está, por ejemplo, Abel Santamaría, fiel a sus principios sin importar el dolor. Nos parece observar a su hermana Haydée, a quien le enseñaron un ojo de él, y la amenazaron con sacarle el otro si ella no hablaba. La joven amorosa, pero corajuda respondió con dignidad que si él no dijo nada, ella tampoco. Más tarde le comunicaron: «Ya no tienes novio porque te lo hemos matado también…». Se lee fácil, mas pensemos en el momento, en la tristeza, en aquellas pérdidas que desgarraban…, pero no hacían ceder.

    A otros les inyectaron aire y alcanfor en las venas para matarlos. Nos vienen a la mente las anécdotas del joven Andrés García, atacante al Céspedes, a quien golpearon hasta hacerlo perder el sentido y luego lo estrangularon con una soga, pero increíblemente sobrevivió.

    Nos sumergimos otra vez en La historia me absolverá, un texto que debe ser revisitado por cada generación, para comprender mejor la dimensión de aquellos sucesos y la altura de Fidel como martiano, revolucionario y cubano.

    En ocasiones repetimos el Moncada de los jóvenes de hoy es este o aquel, tal o más cual responsabilidad, esta o aquella acción, pero ojalá tengamos plena conciencia de lo que significa evocar aquel hecho y a sus protagonistas. La Cuba de la actualidad está repleta de retos diferentes, que solo podremos vencer entre todos como una familia enorme a favor del progreso y la vida, con fidelidad a los principios y la belleza.
    El espíritu del 26 de julio nos debe acompañar en cada momento, como factor indispensable para seguir en el camino de la dignidad, incluso cuando el triunfo parezca imposible. Esa decisión, esa fuerza y coraje casi místicos como pueblo, junto a la inteligencia y la unidad, deben seguir llevándonos a nuevos éxitos, como lo hizo aquella generación cinco años, cinco meses y cinco días después de los asaltos.

    Eso parece un milagro: que un grupo de jóvenes impulsara una guerra de tal dimensión que acabara con un ejército poderoso, con una tiranía apoyada por Estados Unidos…, que ellos y todo el pueblo concretaran un proyecto social convertido en referente de valor y solidaridad en el mundo… Eso es también y esencialmente Cuba, esa es parte de nuestra mística, de nuestro corazón como nación, de nuestro encanto, con la capacidad para irradiar luz al resto del planeta. La Revolución desde su inicio es un fenómeno social, político y también cultural a nivel internacional, con la belleza suficiente para despertar versos y canciones, música y bailes.

    El 26 es también Fidel, el joven y el apasionado, el revolucionario total que nos confirmó la posibilidad de conquistar los sueños. Uno piensa en el día, en los sucesos…, e inevitablemente nos viene a la mente su altura como líder que debe permanecer con nosotros.

    Venimos de ellos, y de aquellos que protagonizaron las diferentes guerras por la independencia. En nuestras mareas están Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, Antonio Maceo y, por supuesto, Martí; están Abel Santamaría, el Che, Camilo y los jóvenes del Centenario.

    Es por eso que este es un pueblo con una confianza tremenda en su fuerza, con lealtad a lo que considera valeroso. El 26 de julio jamás deberá constituir únicamente una fecha ni un acto. Es un símbolo, parte del alma de Cuba y de cada uno de nosotros.

  • Estremecen los hechos y los protagonistas. Jóvenes como nosotros, llenos de sueños, de ansias de libertad. Tenían familia, hijos algunos, pero dejarlo todo, eso es admirable, es el mejor ejemplo para las generaciones venideras. No pelearon por riquezas, lo hicieron por justicia, por equidad. Esa generación es una constelación de estrellas que inspira a la juventud de Cuba, así lo vemos los jóvenes, así de mágico es el proceso nuestro.
    Adán Presidente de la Asociación Hermanos Saiz en Granma

    1. Excelente reflexión Adán. Precisamente de eso se trata. Esa generación debe continuar siendo inspiración para la juventud cubana, para que sigamos enriqueciendo la mística con la coherencia entre pensamiento y acción.

  • Hola Yuleidys. Me gustó mucho tu texto. Creo que esa idea que planteas de reconfigurar la mística revolucionaria en Cuba es clave, y quisiera que profundizaras un poco más en ella.

    1. Buenos días Luis. Muchas gracias por tu solicitud.
      Lo que creo es que la mística de la Revolución Cubana, si bien mantiene elementos estables, es histórica y , por tanto, se va transformando en la medida en que vamos incorporando nuevos símbolos, nuevos ritos.
      Te pongo un ejemplo que creo ilustra mucho lo que quiero decir.
      En su canción Cita con Angeles Silvio Rodríguez coloca una hermosa imagen de los héroes como ángeles guardianes de las revoluciones. Esa misma imagen fue reconfigurada y dotada de nuevo sentido en la canción Cabalgando con Fidel de Raúl Torres quién los reunió a todos en la icónica Plaza de la Patria para recibir el espíritu del Comandante en jefe. Ya ahí los llamó «héroes de espaldas aladas». Para mí esa es la forma en la que se reconfigura la mística.

      1. Excelente ejemplo! Yo coincido contigo en lo que dices en tu texto de que la mística revolucionaria se nutre del día a día de nuestra creación individual y colectiva. Es decir, solo si continuamos pariendo nuevas rebeldías, nuevas resistencias, nuevas creaciones. Eso implica que nos va a llevar siempre a ser un poco incómodos, hacia afuera y dentro del país, pues si es una mística revolucionaria tiene que conducir a transformaciones sociales y personales, que chocarán con inercias, incluso por las creadas por nosotros mismos. Creo que la mística es el motorcito que nos hace caminar en una dirección revolucionaria

  • Buenos días a toda la gente buena que ha decidido conectarse esta mañana con la mística de la Revolución Cubana; tema que fuera propuesto por el grupo de debate de WhatsApp creado para el Congreso de Pensamiento y Premio Memoria Nuestra de las Romerías de Mayo y que hoy se mantiene dialogando y aportando ideas.
    Soy Yuleidys González, alías Yula, y me hace muy feliz que la Asociación haya abrazado esta iniciativa y la haya colocado en uno de sus espacios de pensamiento más reconocido.

  • Fernando Martínez, en esos profundos fragmentos que han sido aquí colocados, coloca una idea que me parece clave: Cómo lograr que prevalezca el proyecto sobre el poder, a lo que llama «el mayor desafío interno a los regímenes de transición socialista» Quisiera que profundizaran en ello, en particular, en cómo se desarrolla esta tesis en el pensamiento de Fernando.

  • Se agradece este debate sobre todo porque hace alusión a los símbolos y su capacidad para otorgarle sentido a la realidad. Creo que es uno de los temas a los que hay que prestarle la atención apropiada. Prefiero aportar a este debate desde la necesidad de reconocer que hay en la simbología revolucionaria algunos elementos que se han desgastado y otros cuyos códigos comunican poco o nada a las generaciones más contemporáneas a falta de contacto con realidades que se alejan en el tiempo. Por eso creo que se debe entender a la Revolución como un proceso en transformación permanente capaz de generar una iconografía y discurso propio en cada generación y si bien debe haber un tronco común es importante que esos íconos y símbolos sean también el resultado del accionar de sus portadores porque eso genera sentido de pertenencia y apropiación coherente. Por otro lado haciendo referencia a lo que plantea Yula se agradece que se piensen los elementos que hoy constituyen la marca pais. Creo que una de las razones por las que ese elemento ha funcionado es porque tiene el trabajo de profesionales formados en la revolución detrás. Probablemente haya quien se cuestione por qué hacer tanto énfasis en estás cuestiones que que son de forma cuando es evidente que la revolución supuso en sí misma un proceso emancipatorio, sin embargo el terreno de la disputa de sentidos pasa por la sensorialidad, en la contemporaneidad lo real y evidente tiene que tener estética para que guste y enamore. Muchas veces los procesos más extraordinarios les ha faltado lo estético por no ser considerado esencial y quizás ese ha sido un fallo porque se desconoce así la necesidad humana por encontrar lo bello. Por otro lado el elemento de la conexión discursiva tiene que tener un anclaje en la realidad de las personas La emancipación pasa por la consciencia y solo desde ese estado se puede pensar un país que se reinventa constantemente para construirse a sí mismo.

    1. Estimados amigos y compañeros: soy profesor de Historia e Historiador argentino interesado por la relación entre Revolución, historiografía y educación. Quisiera saber si se han producido trabajos de análisis sobre iconografía y creación de sentido en el ámbito escolar. Para quienes nos acercamos con interés y respeto al proceso cubano el acceso a textos producidos en Cuba a veces es dificultoso. Muy interesante lo que he leido en este espacio de intercambio.

    2. Excelente, Yasmany. Completamente de acuerdo contigo. Precisamente, la Revolución Cubana es cultural. Creó una nueva estética, entendida ésta como ese universo simbólico que nos acompaña. Esa estética se construye no solo desde lo artístico sino también desde el ejercicio del poder y la participación social. Por eso es tan vital este debate. En él nos jugamos el destino de nuestro país todos los días. De él depende que haya esa coherencia entre el proyecto y el poder de la que nos habla Fernando

      1. existen algunos trabajos al respecto sobre todo relacionado con los foto reportajes que hiciera Ernesto Ocaña Odio quien registró todo lo acontecido con los jóvenes del Asalto. Y que además son las más conocidas y difundidas en nuestros libros con fines educativos.

  • Hola, muy interesante los articulos propuestos. Creo que el nacimiento de la mística revolucionaria es un tema sumammente atractivo y del cual aun queda mucho por investigar. La mistica revolucionaria ha estado muy ligada a la figura de Fidel y de ahí que, en efecto, haya que repensar la mistica de la revolucion para estos tiempos.
    Hace un tiempo, en un concierto de Silvio (el de frente a Casa de las Americas) que llovió todo el tiempo; en un momento que parecía escampar, Silvio cantó una canción y en el momento que dijo «agua» (q era el estribillo) rompió a llover de nuevo. Un amigo me dijo algo asi como: «este tipo es lo unico mistico que queda en Cuba» Mas allá de coincidir o no con el comentario; la necesidad de renovar la mistica revolucionaria es un tema mas imprescindible de lo que se suele pensar. Un saludo.

    1. Hola hermano, muchas gracias por participar. A veces nos preguntamos si en verdad estamos aportando todo lo que podemos a la mística de nuestro tiempo. ¿Cuál es o debe ser en verdad esa mística? Abrazo

  • Querid@s herman@s y foristas, mi nombre es Alejandro Gumá Ruiz y me vuelve a honrar y comprometer esta convocatoria de la AHS para pensar las rebeldías. Sobre todo porque ya sabemos el «para qué» de ese pensamiento, que no es precisamente para conmemorar un aniversario más, sino para atizar los rescoldos revolucionarios en esta Cuba peliaguda de hoy donde al menos dos tonalidades de verde (el del uniforme guerrillero y el de los dólares) vuelven a disputarse una franja del arcoiris… en realidad, el arcoiris entero.

    Trataré de ir desarrollando una reflexión que iré colocando por partes.

  • I. La historia que se hace suele rehacerse (o deshacerse) cuando es contada, pensada, sentida. Hemos escuchado más de una vez que el Moncada fue “el motor pequeño que impulsó el motor grande de la revolución”, pero esa metáfora deficitaria se instaló en nuestras escuelas, casas, medios y en el sentido común mucho después del 26 de julio de 1953. Ese es también, un relato de los vencedores, que fuimos nosotros esta vez. Pero cuando no se había vencido, cuando las desventajas eran muchas, cuando los factores de riesgo y las posibilidades de muerte eran enormes, ¿cuáles eran las “certezas” de triunfar? Subrayo la palabra “certezas” para distinguirla de la “fe”. La mística está hecha –y se pone al ruedo– más de fe que de certezas. El 27 de julio de 1953, el 28, el 29, el 30… o el 31 de diciembre de ese año, cuando todos los países cubanos comentaban el hecho mientras forcejeaban la distorsión, el silencio cómplice y la verdad quemante, ¿a quién se le hubiera ocurrido asociar aquellos asaltos con motor alguno?

    Asombro, admiración callada y cuestionamientos se entremezclan entre las reacciones suscitadas por el hecho. Cada caído es también una madre, un hermano, un pariente que se desgarra y se pregunta: ¿habrá valido la pena? ¿Es este el camino? Fidel Castro lleva sobre sí el mayor peso de esas y otras preguntas. Entre sus disposiciones está también la de contestar a cada una con la vida en la picota.

  • Sahay coloca un pregunta que considero central en esto de la mística revolucionaria: ¿Por qué una acción que constituyó, en su momento, un fracaso, es hoy uno de los símbolos más importantes de nuestra Historia? Ella lo conecta con la continuidad de la resistencia y la rebeldía que sucedió a aquel acontecimiento, y que permite verlo a la luz de esa historia, de esa vocación continuada de libertad. Yo coincido plenamente, y le añado que quienes protagonizaron aquellos hechos no perdieron la fe en la victoria y en su propia condición revolucionaria, cosa que la figura de Fidel sintetiza enormemente. Es decir, mantuvieron viva su mística revolucionaria, incluso en fracasos posteriores, porque el asalto al Moncada no fue el único. Por tanto es precisamente esa voluntad de resistir y vencer, de la que nos habla Sahay, lo que ha hecho que el 26 de julio sea hoy una una celebración patria. Cuando celebramos el 26, estamos celebrando nuestra condición rebelde, nuestra capacidad de resistencia, nuestra fe en la victoria. Creo que es importante que así lo veamos, pues las fechas políticas tienden a vaciarse de significado. Estoy seguro que profundizando en ese significado con autenticidad, lograremos que se mantenga vivo en las nuevas generaciones.

  • Yula interesante texto!creo que es necesario reconfiguarar esa mîstica. Los nuevos tiempos lo ameritan. Humanizar a estos protagonista y crear nuevas fórmulas mucho más atractivas para trasmitir el conocimiento ayudarìa a valorar nuestra historia, nuestros símbolos.

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