Lourdes Mazorra: “Yo entro en trance cuando escribo”

Ya nada podrá detener a Lourdes Mazorra López, ganadora del Premio Celestino de Cuento, en su XX edición. Con ese lauro ─que por tercer año consecutivo gira las miradas a Camagüey─ ella da riendas sueltas a sus deseos de narrar.

En el 2018 cursó el prestigioso Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde estuvieron, en años diferentes, las coterráneas Evelin Queipo y Martha Acosta, merecedoras del Celestino 2017 y 2018, respectivamente.

Lourdes domina lenguajes de medios diferentes y de todos se aprovecha para cumplir los impulsos y los sentidos que la escritura ha ido tranzando desde su niñez y que ha perfilado en la temprana juventud.

Trabajó como periodista de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, y se mantiene como colaboradora de Televisión Camagüey desde su etapa de estudiante de periodismo.

Guionista y productora del documental Soy Maravilla, dirigido por Norlys Guerrero Pi, con quien comparte las intensidades del amor por las imágenes y también coincide en la sección de audiovisuales de la Asociación Hermanos Saíz.

A sus 26 años tiene grandes esperanzas con el mundo literario en el que se abre paso con talento y honestidad.

Con Rubén Rodríguez González en el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

 

Nuestro pretexto para conversar fue tu premio Celestino 2019, si ya lo tienes, ¿qué esperas para creértelo?

El Celestino no me lo esperaba. Se presentaron 20 cuadernos. Luis Yuseff y Norge Labrada me preguntaban “¿estás contenta?”, yo aún estaba asimilándolo. Los premios tienen dos cosas: comienzan a hacerte visible, te abren puertas; y por el otro lado son un impulso porque puedes publicar y quieres seguir trabajando, más fuerte que antes.

Ganas con Las fauces, ¿nos adelantas algo?

Las fauces es un libro de nueve relatos desde la perspectiva femenina, aunque en algunos el narrador sea masculino. Es un libro incipiente que indaga en las significaciones para el ser humano de la pérdida y el dolor, desde la muerte física hasta otros tipos de pérdidas en lo espiritual, psicológico y familiar. Trabajé mucho las atmósferas y la construcción de los personajes, todos dañados de alguna manera. Siempre tengo que conocer a mis personajes, su pasado, presente y futuro, aunque después toda esa información no quede en el cuento, pero es importante para el desarrollo de la historia. Yo vivo la historia. La edición empieza en agosto. Saldrá para la Feria del Libro del 2021. Me siento agradecidísima de Ediciones La Luz y su equipo de trabajo.

¿Estaban iniciados cuando cursaste el Centro Onelio?

No. Dicen que a algunas personas les da el bloqueo “posOnelio”, al no poder escribir por sentirse agobiados por todo ese contenido recibido en el centro. A mí el “Onelio” me abrió aún más. Entré con tres cuentos, que no son con los que gané la beca El caballo de coral ni tampoco los de este cuaderno, excepto No me olvido de tu cuadril. El “Onelio” me regresó a la realidad con muchas ganas de escribir y de hacer.

Tenías reservada la sorpresa de la beca, ¿qué te propusiste con El caballo de coral?

Con la beca de creación intenté ser un poquito más ambiciosa. Mi proyecto no fue de cuentos aislados. Aun cuando los puedas leer de manera separada, aspiro a que tengan el hilo conductor de sus personajes. Así funcionará también como un juego, y si empiezas por el relato del medio no necesitarás entender la historia precedente o la que sucederá. Me emociona jugar con la escritura, quiero entender y luego crear mis propios significados, creo que el divertimento es muy importante cuando se trata de algo tan serio como la literatura. Este proyecto es ambicioso, por eso sigo trabajando.

Lourdes Mazorra con Heras León/ Foto:Cortesía de la entrevistada

 

¿Asumes la narrativa como gimnasia de estilo?

No se puede dejar de escribir aunque todo lo que escribas no es publicable o mucho después lo deseches, tampoco se puede tener miedo a eliminar lo que no sirve, porque el estilo llega con los años y la experiencia, es una búsqueda incesante. Me siento cómoda en la narrativa. Para mí el cuento es un trance en el cual el punto final viene siendo el “evohé” del “orgumio” cortazariano. Yo entro en trance cuando escribo, no puedo parar, y casi todos mis textos tienen un aliento poético. Cuando me tocó leer en público en el Centro Onelio, Eduardo Heras León me aconsejó escribir un cuento más seco, porque me sale mucho la poesía, pero luego me alentó hablando sobre Dulce María Loynaz y Julio Cortázar. Se trata de escribir y escribir.

¿Por qué recomiendas tanto el Centro Onelio?

El Centro Onelio te acorta y te alarga el camino. Llegas desprevenida pensando que sabes mucho de literatura o que estabas leyendo con orden en tu vida, y no. El Centro Onelio te va creando pautas, incluso en la búsqueda del estilo recomienda autores, da técnicas y herramientas. Pero al mismo tiempo alarga el camino porque abre muchísimas puertas y comienzas a ver todo de manera distinta, a leer de manera distinta, a cuestionarte la realidad y a pensar en otros temas. A buscar ese poder de imantación que el cuento debería tener, como dice Francisco López Sacha. Todo aspirante a escritor debería optar por el Centro Onelio. Para mí fue la primera experiencia de leer algo en público. Influye a la hora de aceptar críticas o de ir construyendo tu propio relato en grupo. Además, es invaluable la oportunidad de recibir clases de escritores como Heras León, Raúl Aguiar y Sergio Cevedo.

Una cosa importante es el talento y otra, la gente que te impulsa, ¿a cuáles camagüeyanos agradeces de primero?

A la escritora Oneida González. Le escribí a ella cuando supe la noticia del Celestino. “Te ganaste un premio”, algo así le puse, porque Oneida fue quien me habló del Centro Onelio cuando yo tenía 19 años, y lo cursé a los 25. Hizo las primeras críticas a mis primeros cuentos y lo sigue haciendo con honestidad y cariño. También agradezco a Obdulio Fenelo, el primer camagüeyano que ganó el Premio Celestino en 2006, cuando se concursaba con un cuento. Él siempre me dice que leer es la comida de los escritores y escribir, el ejercicio diario. Pero de todos los agradecimientos, empiezo por mi familia, a ella lo primero.

Lourdes Mazorra en el Centro Onelio/Foto: Cortesía de la entrevistada

 

Te he visto en varios espacios tocando el tema polémico de la literatura y el periodismo. Eres periodistas, ¿cómo te gustaría ser mirada en ese gremio de escritores que aún no cuenta al periodismo como literatura?

Como una periodista que escribe o como una escritora que hace periodismo. No hay diferencias para mí. Siempre he tenido claro que yo quiero escribir. Me sugerían estudiar Filología en La Habana y yo pensé en Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Jorge Mañach… la lista sería interminable. Muchos de los grandes escritores ejercieron el periodismo. En esta profesión también he encontrado herramientas para narrar. Me alegró ver en el evento del “Celestino” a muchos periodistas, entre ellos, en el jurado, a Rubén Rodríguez, ganador de importantes premios nacionales y editor del periódico Ahora, de Holguín. Aunque esta polémica se ha ido superando, lamentablemente hay quienes todavía te enganchan un cartel.

Llenar una planilla contigo no es fácil. Entraste a la AHS por la sección de audiovisuales, y bien que pudieras estar en la de literatura o en la de crítica e investigación. ¿Cómo lo resolvemos?

Sobre todas las cosas quiero escribir, pero no voy a dejar de hacer audiovisuales porque me interesa desde el guion y la producción, la paso bien, son retos que me pongo. No quiero dejar de asumir proyectos desde el documental porque el documental es una manera también de narrar. Oneida me decía: de vez en cuando suelta el libro y ve una buena película, porque las películas te enseñan también a narrar para la escritura. Es verdad.

La Asociación en Camagüey te tiene entre sus jóvenes de vanguardia, ¿te satisface eso?

Si el “Onelio” me abrió puertas desde la escritura, la AHS me ha dado la posibilidad de participar en eventos, de compartir entre los jóvenes y también para llegar a otros lugares. La AHS es imprescindible para los jóvenes que queremos hacer arte, y para publicar ofrece muy buen espacio para empezar.

En el Premio Celestino de Cuento/Tomada del Facebook de la entrevistada

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